Tener claro nuestro propósito, hace que la vida cobre más sentido, que caminemos con un norte claro, que el goce trascienda lo material y que la motivación venga desde adentro. Muchas personas viven en búsqueda de ese propósito, de esa luz interna que los mueve y los alimenta y otras, ya lo encontraron y van con determinación en esa dirección.

El propósito superior en las compañías es parecido al personal, ya que más allá del crecimiento económico y de la reputación, éste busca ser relevante para todos los públicos de interés, estar en sintonía con los objetivos estratégicos, y más importante aún, inspirar, motivar y conectar con las emociones de las personas.

Hay organizaciones que nacen con un propósito claro, hay otras, que lo descubren en el camino. Tener un propósito superior no es solo tarea de empresas grandes, las pequeñas también están llamadas a definirlo, crearlo, darle sentido y sobre todo, demostrarlo.

 
¿Cómo definirlo?

El punto de partida más importante para definir el propósito superior es analizar el impacto de lo que hace la organización, cuáles son sus mayores fortalezas, qué valor les entrega a las personas o al medioambiente, qué es lo que más les apasiona hacer, cuáles son sus sueños más profundos.

Para definirlo, es necesario escuchar y observar, ya que este propósito, que no es un lema, ni una visión, es una brújula que define el norte desde lo más profundo y que debe hacer sentido para todos los públicos de interés.

 

¿Qué características debe tener?
  • Mover fibras. Es decir, conectar con lo emocional de las personas, hacer que este propósito sea un aliciente para entrar en acción.
  • Inspirar. Es decir, tener un impacto positivo, debe conectarse con el presente y motivar al futuro.
  • Estar alineado. Es decir, debe alinearse con los objetivos estratégicos, con los grupos de interés y con las necesidades mundiales. Debe invitarlos a todos a ir en la misma dirección.
  • Ser aspiracional. Debe significar un reto emocionante para las personas, debe estimularlos para esforzarse y dar la milla extra.
¿Para qué sirve?
  • Para inspirar a las personas, a las que trabajan en la compañía, a hacerlo de la mejor manera y a los demás, para ser un referente de las organizaciones donde quisieran estar.
  • Para dejar un impacto positivo. Para estar alineados con las necesidades del mundo y aportar al desarrollo de éste.
  • Para tener una hoja de ruta clara. Partir desde el propósito para trazar las nuevas metas, ayuda a que todos estén alineados y enfocados.
  • Para fortalecer la cultura organizacional, tener claro el propósito, sentirlo, validarlo y respirarlo, refuerza el sentido de pertenencia.
¿Y luego qué?

Cuando ya hay un propósito superior en la compañía, hay un gran trabajo por delante para que todos lo conozcan, lo interioricen y vibren con este. No es solo una tarea del equipo de Comunicaciones, es un trabajo transversal donde todo y todos deben estar alineado con ese propósito.

La recepcionista que recibe a una persona, el líder que aborda una reunión, las personas de selección que entrenan a un nuevo colaborador, los directivos que definen los objetivos estratégicos, las metodologías de trabajo colaborativo, los valores de compañía, las relaciones con los proveedores… todo debe estar enfocado a esa hoja de ruta.

 

 

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